La performance térmica y solar ya no es el único dato que empieza a pesar en la elección de un vidrio. El carbono incorporado se suma a los criterios de especificación.
Durante años, al seleccionar un vidrio para una fachada o una abertura se analizaron principalmente variables como transmisión térmica, control solar, seguridad, acústica y estética. Ahora se suma un nuevo indicador: cuánto carbono se genera para producir ese material.
AGC Glass Europe anunció recientemente avances en su línea de vidrios de bajo carbono. La compañía informó valores de 9,1 kg de CO₂ equivalente por m² para su laminado Low-Carbon Stratobel 33.1 y 12,9 kg para Stratobel 44.2, combinando vidrio de bajo carbono con un nuevo interlayer desarrollado por Eastman.
El cambio refleja una tendencia más amplia de la industria: las declaraciones ambientales de producto —EPD— y los datos de carbono incorporado empiezan a convertirse en información relevante para arquitectos, desarrolladores y especificadores.
La pregunta ya no será solamente qué prestaciones tiene un vidrio, sino también cuál fue el impacto ambiental necesario para producirlo.