El incendio que en 2021 envolvió en llamas una torre residencial de Milán volvió a poner bajo la lupa los materiales y sistemas utilizados en las envolventes. Cinco años después, las primeras condenas judiciales y la evolución de las exigencias técnicas refuerzan una premisa: la seguridad frente al fuego debe pensarse desde el proyecto integral de la fachada.
El 29 de agosto de 2021, la Torre dei Moro, un edificio residencial de 18 pisos ubicado en Via Antonini, Milán, quedó prácticamente envuelto en llamas después de que un incendio iniciado en uno de sus balcones alcanzara la envolvente exterior.
No hubo víctimas, pero el episodio dejó a 82 familias sin sus viviendas y convirtió al edificio en un caso de estudio sobre uno de los temas más sensibles de las fachadas contemporáneas: qué ocurre cuando el fuego alcanza materiales combustibles incorporados a la envolvente.
La nota publicada por Marshall Academia de Fachadas pocos días después del incendio ya señalaba la velocidad con la que las llamas habían recorrido el exterior del edificio y advertía sobre la presencia de materiales combustibles en el revestimiento.
De la investigación a las condenas
Casi cinco años después, el caso tuvo una nueva instancia.
En marzo de 2026, el Tribunal de Milán dictó en primera instancia nueve condenas por desastre culposo, con penas de entre ocho meses y tres años. De acuerdo con la reconstrucción judicial difundida por ANSA, las responsabilidades alcanzaron a integrantes de la cadena vinculada con la producción, comercialización, proyecto y ejecución de los paneles utilizados en las fachadas denominadas “a vela”. La acusación los describió como altamente inflamables.
Las investigaciones determinaron también que el incendio se habría iniciado por una colilla de cigarrillo encendida en un balcón. El punto crítico no fue solamente el origen del fuego, sino lo que sucedió cuando éste alcanzó la envolvente y encontró condiciones para propagarse rápidamente por el exterior.
En abril de 2026, la Corte de Apelaciones de Milán confirmó además el sobreseimiento de otras cuatro personas que habían quedado fuera del juicio, entre ellas dos bomberos vinculados con la certificación contra incendios otorgada años antes al edificio.
El problema no es solamente el revestimiento
Una de las principales enseñanzas que deja el caso es que la seguridad contra incendio de una fachada no debería analizarse únicamente material por material.
Revestimiento exterior, aislaciones, cámaras de aire, fijaciones, encuentros entre losas y fachada, barreras cortafuego y sellados forman un sistema. La geometría y la manera en que esos componentes interactúan pueden influir en la propagación del fuego.
Este enfoque aparece claramente en la reglamentación italiana incorporada en 2022. Las nuevas disposiciones contemplan específicamente fachadas simples, curtain wall, fachadas de doble piel ventiladas, franjas de separación y sellados de fachadas continuas, y establecen requisitos vinculados con reacción y resistencia al fuego, compartimentación y seguridad de los sistemas. También habilitan la utilización de métodos experimentales reconocidos en países de la Unión Europea para evaluar el comportamiento de las fachadas.
El incendio de Milán incluso generó un intercambio técnico entre los bomberos italianos y miembros del London Fire Brigade que habían intervenido en el incendio de Grenfell Tower. Los encuentros pusieron específicamente sobre la mesa los materiales de fachada, las estrategias de prevención y el comportamiento de edificios residenciales en altura.
¿Qué pasa en Buenos Aires?
El problema también merece atención local.
El Reglamento Técnico de Protección Pasiva del Código de Edificación de la Ciudad de Buenos Aires establece que, para controlar la propagación exterior de un incendio, deben considerarse específicamente muros exteriores, fachadas y cubiertas.
Para limitar la propagación vertical entre sectores de incendio exige, entre otras medidas, una franja de fachada resistente al fuego de al menos un metro de altura. En fachadas curtain wall, muro cortina o piel de vidrio admite soluciones alternativas, pero deben estar justificadas mediante una memoria técnica basada en normas reconocidas y garantizar un comportamiento equivalente frente a la propagación vertical del fuego. También establece requisitos de reacción al fuego para los materiales de revestimiento.
Una fachada debe evaluarse como sistema
El caso Torre dei Moro deja una enseñanza que trasciende aquel edificio y aquel incendio: una fachada no puede evaluarse únicamente por su estética, eficiencia energética, estanqueidad o desempeño estructural. Su respuesta frente al fuego también forma parte de sus prestaciones.
Para arquitectos, consultores y especificadores, hay algunas preguntas que deberían aparecer cada vez con mayor frecuencia:
- ¿Cuál es la reacción al fuego de cada material de la envolvente?
- ¿Qué contiene el núcleo de los paneles compuestos?
- ¿Cómo se interrumpen las cámaras y posibles recorridos verticales del fuego?
- ¿Cómo está resuelto el encuentro entre losa y fachada?
- ¿Se evaluó el comportamiento del sistema completo y no solamente el de sus componentes por separado?
La fachada puede ser una herramienta decisiva para mejorar el confort, reducir el consumo energético y construir la identidad arquitectónica de un edificio. Pero su desarrollo también implica asumir una responsabilidad menos visible y mucho más importante: contribuir a contener un incendio, en lugar de convertirse en una vía para su propagación.