¿Es una cuestión de diseño, tecnología, inversión o planificación? En el Foro de Liderazgo en Diseño Sustentable 2026, Damián Vinson, Rodolfo Miani, Fernando Sabatini y Facundo Morando pusieron sobre la mesa distintas tensiones que aparecen cuando la sustentabilidad pasa del discurso al proyecto.

Hablar de sustentabilidad parece sencillo hasta que llega el momento de tomar decisiones. El presupuesto, la tecnología disponible, las demandas del cliente, la normativa, la vida útil del edificio y hasta el modelo de ciudad empiezan a formar parte de la discusión.
Durante una de las mesas del Foro de Liderazgo en Diseño Sustentable 2026, cuatro arquitectos abordaron el tema desde posiciones diferentes. Estas fueron algunas de sus ideas centrales.

Arq. Damián Vinson
Perdurabilidad, medición y una mirada que excede al edificio
Para Damián Vinson, la sustentabilidad no debería aparecer únicamente como consecuencia de una obligación, una tendencia o una demanda del mercado. Debería formar parte de los principios desde los cuales se piensa la arquitectura.
Uno de los conceptos que puso en el centro fue la perdurabilidad. Frente a una cultura donde todo parece volverse rápidamente descartable, un edificio capaz de mantenerse vigente, transformarse y seguir siendo útil durante décadas también expresa una forma de sustentabilidad.
Vinson destacó además el aporte de las herramientas contemporáneas para medir el desempeño. Frente al greenwashing, calcular consumos y evaluar resultados introduce rigor y permite comprobar si una estrategia realmente funciona.
Pero su mirada no se detiene en el edificio. La expansión de las ciudades, la ocupación del suelo, el acceso al sol y la densidad también forman parte del problema. Para Vinson, los códigos urbanos no deberían limitarse a ordenar metros cuadrados: también terminan definiendo qué ciudad construimos y cómo la habitamos.
“Uno de los temas más fuertes de la sustentabilidad es la perdurabilidad de lo que hacemos.”
Arq. Rodolfo Miani
Cuando la sustentabilidad se encuentra con el presupuesto
Rodolfo Miani llevó la conversación hacia una de las tensiones más concretas de la práctica profesional: todos pueden estar de acuerdo con la sustentabilidad hasta que la decisión implica una inversión adicional.
En ese escenario, describió al arquitecto como una especie de “mortero” entre dos mundos: por un lado, las aspiraciones ambientales del proyecto; por el otro, la lógica económica del desarrollador. El desafío es conseguir que ambas puedan vincularse de manera permanente y no solamente discursiva.
Miani señaló además que esa relación cambia según el tipo de cliente. En el mercado corporativo, una certificación puede convertirse en una condición comercial concreta. En el residencial privado, en cambio, percibe todavía una demanda mucho menor de este tipo de prestaciones.
Por eso plantea que la responsabilidad no puede quedar exclusivamente sobre los hombros del arquitecto. Normativas, incentivos, infraestructura y políticas públicas también deberían generar condiciones que permitan transformar las buenas intenciones en decisiones posibles.
“No podemos accionar solamente con políticas individuales.”


Fernando Sabatini
La sustentabilidad no nació con las certificaciones
Para Fernando Sabatini, hablar de sustentabilidad como un concepto nuevo supone olvidar buena parte de la historia de la arquitectura. Civilizaciones griegas, romanas y árabes ya diseñaban atendiendo al clima, la orientación y las características de sus envolventes mucho antes de que existieran las certificaciones actuales.
La diferencia contemporánea está en la capacidad de medir con mayor precisión esos resultados y, sobre todo, de demostrar también su impacto económico. Para Sabatini, la sustentabilidad gana fuerza cuando puede traducirse en ahorro energético, eficiencia y mejores condiciones de funcionamiento a largo plazo.
Su reflexión también llevó la discusión desde el edificio hacia la ciudad. Un proyecto puede alcanzar un excelente desempeño ambiental, pero parte de ese logro pierde sentido si quienes lo utilizan deben recorrer grandes distancias diariamente para llegar hasta él.
Movilidad, densidad, expansión urbana y planificación entran entonces en la misma ecuación. No alcanza con producir edificios eficientes si el sistema urbano que los rodea continúa funcionando de manera ineficiente.
“La sustentabilidad viene de mucho antes que las certificaciones: las antiguas civilizaciones ya proyectaban atendiendo al clima y a sus envolventes.”
Facundo Morando
Volver a las decisiones básicas de la arquitectura
Facundo Morando puso el foco en una idea aparentemente simple: muchas de las decisiones que hoy llamamos sustentables son, en realidad, principios elementales del buen diseño.
Cómo se implanta un edificio, cómo se orienta, qué materiales utiliza, cómo se protege del sol o qué relación establece con el clima no deberían aparecer como accesorios incorporados posteriormente. Son parte del proyecto desde su origen.
Morando también cuestionó la asociación automática entre sustentabilidad y alta inversión. No todas las mejoras dependen de sistemas sofisticados. Una buena orientación, una galería, una protección solar correctamente resuelta o una estructura capaz de adaptarse durante décadas pueden generar impacto sin exigir necesariamente grandes inversiones adicionales.
Y allí aparece otra cuestión central: la vida útil. Un edificio que puede durar cien años y asumir distintos programas evita los costos ambientales de demoler y volver a construir. La sustentabilidad también consiste en diseñar para que aquello que funciona pueda permanecer.
Su planteo deja otra lección para el proyecto: cuanto más integrada esté una solución ambiental a la arquitectura, menos vulnerable será frente a futuros recortes de presupuesto.
“Tenemos que integrar en la sustentabilidad lo que está al alcance de nuestras manos.”

Una discusión que recién comienza
Las cuatro miradas parten de lugares diferentes, pero comparten una inquietud: la sustentabilidad pierde sentido cuando queda reducida a una etiqueta.
Puede expresarse en una certificación, pero también en una buena orientación. En un vidrio de alto desempeño, pero también en una estructura capaz de durar cien años. En una decisión del arquitecto, pero también en una normativa urbana o en un incentivo público.
La voluntad individual no alcanza. Si la sustentabilidad depende únicamente de que un arquitecto logre convencer a un desarrollador o de que un cliente esté dispuesto a invertir más, seguirá siendo una decisión excepcional.
La discusión de la mesa dejó planteada la necesidad de avanzar hacia normativas, incentivos y criterios públicos claros que incorporen el desempeño ambiental como parte de las reglas con las que se proyecta y construye.
Porque cuando la sustentabilidad deja de ser una elección voluntaria y se integra al marco normativo, deja de depender de las buenas intenciones y empieza a convertirse en una condición real del proyecto.