A casi 90 años de su construcción, la Casa de la Cascada de Frank Lloyd Wright sigue demostrando cómo arquitectura, paisaje y materialidad pueden formar parte de una misma idea.
En Fallingwater, uno de los grandes emblemas de la arquitectura orgánica, parece haberse producido una extraordinaria conjunción:
• una naturaleza exuberante y dinámica,
• uno de los talentos arquitectónicos más sobresalientes de la historia,
• un cliente amante de la arquitectura
• y, con el tiempo, una sociedad comprometida con la conservación del legado arquitectónico.
La combinación de esos factores permitió que, casi nueve décadas después de su construcción, la casa conserve intacta su fuerza y continúe siendo una referencia para los arquitectos.


Con los proyectos de Frank Lloyd Wright siempre me ocurre lo mismo: resulta difícil decidir si me atraen más sus interiores o sus exteriores.
Tanto en sus interiores como en sus exteriores encuentro una riqueza de recursos simples y honestos, sin llamaradas, como decía Mario Roberto Álvarez.


Hay una serie de recursos que aparecen una y otra vez en su obra y que la caracterizan: el uso del vidrio, ya sea en bandas de ventanas o en vitraux, que combinan motivos botánicos con geométricos; las ventanas en las esquinas; el uso de la madera, la piedra y otros materiales naturales en reemplazo de ornamentos agregados tan en boga en su época.
A ellos se suman las proporciones y relaciones de los espacios interiores y exteriores; el uso de los colores —como el célebre rojo Cherokee—; los voladizos tanto de techos como de entrepisos.
También se destaca el trabajo con luces y sombras, como en el caso de la pérgola de la Fallingwater cuyas sombras en la pared, evocan los árboles del bosque vecino.
En Fallingwater, todo eso encuentra además un interlocutor excepcional: el paisaje.



Wright fue, sin dudas, un arquitecto extraordinariamente inspirado. Pero quizás una de sus mayores contribuciones haya sido justamente su capacidad de inspirar a otros.
Su arquitectura se apoya en una sólida formación intelectual heredada de su familia y de su sociedad; en la simpleza y la honestidad de sus proyectos y en la búsqueda de nuevos estilos de vida.
“Lo simple viene del corazón, y no de la cabeza”
Frank Lloyd Wright
