La recuperación de una estructura construida en 1943 muestra cómo la economía circular comienza a transformar la manera de pensar los materiales, la demolición y el futuro de la construcción.
En Mountain View, California, la madera de un antiguo hangar de la Segunda Guerra Mundial tendrá una segunda vida en nuevos edificios vinculados a Google. El proyecto convierte una estructura que había llegado al final de su vida útil en una verdadera reserva de materiales para nuevas construcciones.
El denominado Hangar 3, ubicado en el Aeródromo Federal de Moffett —actualmente parte del Centro de Investigación Ames de la NASA—, fue construido en 1943 por la Armada de Estados Unidos. Con aproximadamente 300 metros de longitud, utilizó grandes cantidades de madera de abeto Douglas, en un contexto en el que el acero era un recurso escaso.
Más de ocho décadas después, el deterioro de la estructura hacía inviable su conservación. La alternativa, sin embargo, no fue una demolición convencional: el edificio fue desmontado cuidadosamente para recuperar la mayor cantidad posible de madera.
178 toneladas recuperadas
El proceso permitió rescatar alrededor de 119.000 pies tablares de madera, equivalentes a unas 178 toneladas. Después de retirar las capas exteriores afectadas por años de exposición y realizar ensayos de resistencia y seguridad, aproximadamente 66.000 pies tablares fueron aprobados para su reutilización en elementos de madera laminada.
Parte del material fue trasladado a Spokane, Washington, para su procesamiento y está previsto utilizarlo en un proyecto prototipo de oficinas en The Dalles, Oregón. Otra parte será incorporada en proyectos del campus de Google y otras localizaciones.
Los edificios como bancos de materiales
El caso refleja un cambio que empieza a ganar espacio en la arquitectura: dejar de considerar una construcción que se desmonta únicamente como residuo y comenzar a verla como un banco de materiales capaces de incorporarse a nuevos proyectos.
La reutilización permite reducir residuos, disminuir la demanda de nuevas materias primas y actuar sobre el carbono incorporado, es decir, las emisiones asociadas a la fabricación y procesamiento de los materiales.
Más que conservar una pieza histórica, el proyecto demuestra una idea con creciente relevancia para el sector: el final de la vida útil de un edificio no necesariamente significa el final de la vida útil de sus materiales.